Edición especial: Marinita, la señora de la limpieza

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Hace unos años aprendí algo muy importante sobre la importancia de las personas en las organizaciones. En orden jerárquico van los dueños, gerentes, asesores, ejecutivos, empleados, bodegueros, choferes y conserjes. Y pensamos que es en orden de importancia de la persona, pero no es así. El orden es por la influencia de las decisiones que toman. Pero ¿que pasaría si el conserje no hiciera su trabajo? ¿No son los conserjes y personas de limpieza quienes nos reciben con una sonrisa cada día al llegar a trabajar? ¿No son ellos los que nos proveen de clips, goma y lápices para cumplir esas muy importantes actividades diarias?

Tengo un cariño especial por conserjes, guardias de seguridad, choferes, y todos los empleados “menores” de las organizaciones porque crecí con ellos. Viví en un barrio de clase humilde por unos años y compartí con toda la gente posible. Tenía un vecino arquitecto, catedrático de una universidad, y a unos pasos vivían los recicladores de papel y cartón. Tenía un vecino carpintero y unos vecinos cerrajeros. Uno de nuestros vecinos hacía bloques para construcción y no olvidemos a mi vecino albañil, que realmente era maestro mayor.  Ni el trabajo ni el dinero les sobraba, pero su generosidad y sonrisa siempre estuvo presente, aún en sus momentos de necesidad.

Refiriéndome a los trabajadores que pasan desapercibidos siempre digo que ellos son los que hacen caminar a cualquier empresa. Ellos saben como va la economía del lugar sin ser economistas. Saben qué mejora aplicar al edificio sin ser arquitectos, y saben qué decisiones mejorarían el ambiente laboral sin haber estudiado Comunicación Organizacional. Aún sabiendo mucho, la mayoría ganan poco.

Hoy partió una querida compañera de trabajo, y porqué no decirlo, amiga, Marinita, la señora de la limpieza. Cada día al llegar le decía “¡Marinita!” y ella me respondía con una sonrisa “Hola Jimmycito, como le va” Y le decía que estaba bien, o “aquí llegando a trabajar”. Siempre me saludó con una sonrisa y eso es suficiente para alegrar una tarde de trabajo. Sin duda, si alguien reflejaba lo que es la organización a la que pertenezco, ella era la persona ideal.

Tómate el tiempo de saludar a los guardias de tu lugar de estudio o trabajo, a los conserjes, a los porteros, a los mensajeros. No lo hagas porque quizá necesites un favor de ellos (como lo haces con tus jefes) sino por la alegría de compartir con personas como tú, que están caminando contigo cada día pero no les has dado un minuto para saber sus nombres.

Y el Rey dirá: “Les digo la verdad, cuando hicieron alguna de estas cosas al más insignificante de estos, mis hermanos, ¡me lo hicieron a mí!”

Jesús, en Mateo 25:40

Marinita, lo mejor que hizo por mi no fueron sus labores diarias, sino recibirme con alegría cada día. Nos veremos pronto.

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Soy un joven al servicio de los jóvenes (también de los padres, familias, colegios, organizaciones, etc). Comunicador digital, bloguero desde el 2012 y conferencista juvenil. Diseñador gráfico y multimedia, actualmente especializándome en Diseño Comunicacional. Autor de la "Primera Epístola de Jimmy Sarango a los Cristianos Digitales”, en la cual aborda la vida cristiana y los retos que enfrenta en el mundo digital.

Discussion4 comentarios

  1. Que lindo ver en tus palabras un corazon sensible y tierno. Dios te ha bendecido con la capacidad de poder expresar aquellos sentimientos que también son los sentimientos de otros. Compartirmos el dolor por la partida de Marinita, quien nos enseñó la belleza de servir con gozo!

    • Así es, una mujer de quien aprendimos la alegría de vivir y servir. Muchas gracias por sus comentarios. Fer, a mi también se me hicieron agua los ojos cuando escribía y Ps. Gio es una de las lecciones más importantes que recibí en mi vida.