24 jul 2014
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“Porqué no me dijiste que eres cristiano”

Me hizo esa pregunta hace unos meses, fuimos compañeros todo un semestre en la universidad, compartimos un par de materias, decíamos chistes, pero nunca le dije que soy cristiano ¿Por qué?

Podrías responder como yo lo hacía: “Eso no hay que decirlo, hay que demostrarlo”. Suena bonito, y es cierto, pero decir es parte de demostrar. Ahora entiendo porqué Jesús no fue únicamente un buen tipo y siempre apeló a las palabras, al diálogo. No escondió quién era, y lo dijo claramente: “Yo soy la luz del mundo”, “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, “Yo soy el buen pastor”. Rayos, él sí lo decía y yo no lo hago.

Una de las razones se remonta al año de 2003. Invitaba a todos mis amigos a la iglesia, les decía que tienen que venir, que necesitan a Jesús, que sus vidas están incompletas sin él”, pero en el día a día la misma boca que predicaba se encargaba de insultar a mis amigos, profesores con las peores palabras y ofensas posibles. Una gran amiga me dijo “Tu vives invitándonos a la iglesia pero eres peor que nosotros”. Desde ese día dejé de decir que soy cristiano todo el tiempo, y de invitar a la gente a la iglesia. Me daba vergüenza ser un mal ejemplo de lo que es ser realmente un seguidor de Jesús.

Han pasado varios años desde esa experiencia, pero nunca volví a decirlo todo el tiempo. Doy charlas para jóvenes, predico en iglesias, eventos, convenciones. Exalto a Dios a través de micrófonos en diferentes lugares. Mis artículos tienen cientos o miles de lectores pero, si no soy capaz de decir al que está a mi lado que Dios es mi Dios, el trabajo es incompleto.

Me ha pasado que la gente me dice “tienes algo diferente”, “siento paz cuando hablas” y es muy bueno, por siempre esperamos que vean en nosotros ese algo, pero no es suficiente. Los esposo llevan un aro que demuestra su compromiso, los novios llevan flores, y yo me he conformado con realizar únicamente buenas acciones y no ratificarlas con mis palabras. Ahora entiendo por qué Romanos dice “¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído?”

Quizá tuve vergüenza o temor de la reacción; quizá no estaba en capacidad de defender mi fe y no quería exponerme a la crítica, quizá no estaba convencido de que el hijo de Dios lo era realmente. No lo se, o lo se y no lo quiero escribir. Pero algo entiendo y es que las acciones son buenas, pero las puede hacer cualquiera. Lo nuestro es fe, es vida eterna, es creer en lo eterno, y decírselo a los demás es cosa de valientes.

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A veces, Dios me decepciona.

Sí, como lo leen: a veces, Dios me decepciona.

  • A veces tengo planes organizados y Dios los cambia. Eso me decepciona
  • A veces mis ideas son excelentes y quiero que sean escuchadas y convertidas en realidad, y Dios lo hace a su modo. Eso me frustra
  • A veces yo digo “es por aquí” y él dice “no, es por acá”. Eso me molesta
  • A veces pienso “ya no puedo más” y Dios dice “dale, aún falta camino por recorrer”. Eso me enoja.
  • A veces quiero elegir otro camino, y recuerdo que Jesús dijo “Yo soy el camino. Que Jesús tenga la razón me incomoda.

Como el año anterior que quería venir a Colombia, hice todo lo posible por ahorrar, por tener permiso en mi trabajo, tener contactos para dar charlas y talleres en este país y no fue posible. No tienen idea lo frustrante que fue, aunque pensándolo bien, me entienden perfectamente.

Todos sabemos lo molesto que es no poder cumplir nuestros sueños, metas, objetivos, anhelos. Todos sabemos lo que es enojarse con Dios y decirle “¡porqué!”. Pero pocos sabemos lo que es escuchar a Dios decir después “Era por esta razón”.

Casi un año después llegué a Colombia a compartir charlas y talleres con jóvenes, y hoy estoy feliz y también molesto porque hubiese querido que Dios me diga hace un año “Jimmy, no irás ahora, pero exactamente en 11 meses estarás tomando varios vuelos para llegar a donde quieres ir hoy, y harás lo que esperabas y mucho más, sólo ten paciencia”.

Me cuesta entender que la fe es ver lo que no es como si fuera. Cómo quisiera que Dios me diga lo que va a pasar en el futuro, para no tener que preocuparme. Pero si fuera así, no sería fe.

A veces Dios frustra mi vida, pero es temporal. Ahora entiendo que es para darme una lección, para recordarme que él tiene el control.

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Niñerías de adultos

Como dijo mi papá alguna vez: para hacer burradas no hay que tener la edad del burro. Plop.

De niño pensaba que la gente adulta era madura, consciente, responsable, coherente. Ahora me doy cuenta que eran sólo pensamientos de niño y que, a medida que pasa el tiempo, quiero ser menos adulto.

Dada la situación actual en la que tantos adultos son caprichosos y bebés aunque tengan 30, 40 o 50 años, me encuentro en la necesidad de escribirles. Cabe recalcar que este post es primero para mi y mis actitudes que distan en muchas ocasiones de reflejar la persona que Dios proyecta en mi. Empecemos.

No logro comprender cómo hay “hombres” que no saben dar el lugar que le corresponde a sus esposas y novias. Me refiero a hombres que gritan, que tratan a su pareja como si fuera una mujer más, que se les ha olvidado que aquella chica que les acompaña en algún momento fue el amor de su vida. Tan hombres son que se dan el lujo de olvidarla durante días para después aparecer como si nada, que la abandonan emocionalmente aunque sigan durmiendo juntos ¿Dónde quedaron las flores y los chocolates?

Así también

Me cuesta mirar “mujeres” que pretenden que sus compañeros sean una suerte de esclavos, que cumplan sus caprichos al pie de la letra. Mujeres que se han tomado de aquel verso de la Biblia que dice que son vasos frágiles y lo han interpretado como si fueran intocables. Al parecer no han leído que en el mismo proverbio dice que aquella mujer vaso frágil también “trabaja con sus propias manos”, “se levanta muy temprano y da de comer a sus hijos”, “es mujer de carácter” y sobretodo que es una mujer “que obedece a Dios”. Si quieres aferrarte a Proverbios 31 cumple todo el pasaje, no sólo lo que te conviene.

Triste ver cómo hombres y mujeres “adultos” corren a Facebook a publicar sus problemas matrimoniales, a divulgar las penurias que viven en su casa y con la pareja que dijeron amar alguna vez. Sufren porque descubrieron que la vida no es perfecta y que no tienen todo lo que creen merecer.

Hemos cometido un error como sociedad y como iglesia al decirles a los hombres que son reyes, porque se lo han tomado tan a pecho que esperan en su familia tener súbditos en lugar de hijos y esposa. Con las mujeres cometimos el error de decirles que son princesas y que papi/novio/esposo debe satisfacer todos sus caprichosque la historia de amor debe ser perfecta y nunca les dijimos que la vida no es fácil, que no tienes todo lo que quieres, que a veces debes contentarte con lo que hay y ser feliz con ello (Filipenses 4:12). Además de eso Pablo dijo:

Alguna vez fui niño. Y mi modo de hablar, mi modo de entender las cosas, y mi manera de pensar eran los de un niño. Pero ahora soy una persona adulta, y todo eso lo he dejado atrás. 

Mantén tu corazón como el de un niño en la inocencia, en la alegría, pero no en el capricho y en los berrinches. Como dirían mis amigos: súbete a un árbol y madura. A tí te digo.

 

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5 razones para leer la Biblia

Aunque muchos piensen lo contrario, debo confesar que sí leo la Biblia, quizá no tanto como tú pero me esfuerzo por hacerlo. Jimmy sincero.

Ya pasaron los años en los que mi mamá me reprochaba la lectura de revistas, libros, folletos, cuadernos y demás material literario excepto la Biblia. Recuerdo cuando me decía “¿Ya leíste hoy la Biblia?” y mi respuesta era “no”. No le hallaba sentido, no la entendía, no sabía qué leer.

Pasaron los años y un día empecé a leer la Biblia con cierta curiosidad, y mientras lo hacía, sentía que me hablaba a mi y que había sido escrita por personas comunes y corrientes como yo. Por eso hoy te comparto estas razones por las que te recomiendo leerla.

  1. Es un espejo: Hay tantas historias como la tuya y la mía. Está llena de situaciones en las que los personajes tuvieron que tomar decisiones, algunos eligieron bien y otros no, así como nuestra vida diaria, desde traición, amor, odio, rencor, pleitos familiares, mal uso del dinero y mucho más.
  2. Tiene claves de vida: Hay consejos útiles para tu vida en muchas áreas: administración, economía, familia, vida personal, sexualidad, espiritualidad, medicina y muchas más. Hay mucha gente que podría leer Proverbios y pensarían “wow, no parece un libro religioso”.
  3. Es atemporal: Puedes leer un verso hoy y volverlo a leer en 50 años y te darás cuenta que sigue tan vigente como la primera vez. Obviamente no deberías esperar 50 años para leerla nuevamente.
  4.  Encontrarás en ella “más allá de lo evidente”: Algo extraño sucede pero cuando lees un verso, ves más allá de las palabras. Hay poder en las palabras de la Biblia, tan fuerte para cambiar el rumbo de tu vida, para enderezarte aunque seas un árbol torcido.
  5. (Y el más importante) Contiene el plan de Dios para tu vida: Aunque discutan su contenido o su vigencia, la Biblia contiene el plan de Dios para tu vida. En ella encontrarás el camino que debes andar. En ella conocerás a Jesús que es la razón del todo, es el motivo de toda la Biblia: mostrar el amor de Dios para ti.

Es más que un libro de consejitos, de frasesitas para facebook, es gasolina de avión para tu vida, es un turbo, es poder del cielo para ti. La Biblia está más afilada que una espada ninja, llega hasta tu corazón y te lleva a tomar una decisión.

Si no sabes por dónde empezar te recomiendo:

  • Proverbios: Libro de consejos, para hijos, amigos, parejas, incluso para elegir bien a tu esposo/a.
  • Juan: Encontrarás la historia de Jesús desde la visión de uno de sus mejores amigos.
  • Eclesiastés: El libro de un sabio que estaba buscando el sentido de vivir.
  • Cantares: Un libro poético para parejas (+18) :D

Es lo que puedo compartirte por hoy. ¿Cuál es tu razón para leer la Biblia?

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“El hijo del Carlitos”

Mi papá es pastor, churin churin funflais. Y yo soy el hijo del pastor, churin churin funflais.

Asistí a la iglesia por primera vez cuando tenía 4 años, en aquel entonces tenía un nombre: Jimmy, pero a la gente le resultaba más fácil llamarme “el hijo del Carlitos”. En Ecuador colocamos el artículo antes del nombre, por eso es “el Jimmy” o “el Carlitos”.

Cuando empecé mi vida educativa en la escuelita mis amigos prefirieron llamarme “Chino” en lugar de Jimmy. Durante seis años mi nombre alternó entre “Jimmy” y “Chino”. No me disgustaba, excepto cuando lo hacían con burla, y pensaba “¡Yo tengo un nombre! ¡¿Por qué no pueden recordarlo y utilizarlo?!”

Pasaron varios años, mi papá recibió la responsabilidad de ser pastor, y pasé de “el hijo del Carlitos” a “el hijo del pastor Carlos”. Eso fue algo más difícil de vivir porque todos esperaban que fuese perfecto, o por lo menos, educado, obediente, bien portado, en pocas palabras: una joya de niño, lo cual no sucedía siempre.

No fui el peor, pero fui inquieto, varias veces desobediente, sarcástico, rebelde. Siempre que tuve problemas académicos en el colegio me decían “¿te das cuenta cómo avergüenzas a tu papá?”. Yo pregunté “Porqué a mi papá” y dijeron “Porque tu papá es pastor y lo avergüenzas”. Me di cuenta que ellos tampoco sabían que yo tenía un nombre propio.

Fue una época conflictiva internamente. Pero mientras muchos insistían en llamarme “el hijo del pastor” encontré en la Biblia que Jesús llamaba a la gente por su nombre.

  • A Pablo lo llamó por su nombre (Aunque era un perseguidor de cristianos, los encarcelaba y asesinaba.)
  • A Mateo lo llamó por su nombre (Aunque era cobrador de impuestos, lo que equivalía a ser estafador.)
  • A Pedro lo llamó por su nombre (Aunque era iracundo, impulsivo.)
  • A Carlos lo llamó por su nombre (Aunque sería pastor.)
  • A Jimmy lo llama por su nombre (Aunque sea el hijo del pastor.)

A ellos Jesús les llamó por su nombre, sin importar lo que hacían.

Dios te llama por tu nombre, no por tu reputación.

Ser hijo de pastor no es malo, es una responsabilidad, pero hay gente que se deja llamar por sus errores, por su pasado. Dice una frase:

El diablo sabe tu nombre y te llama por tu pasado. Jesús sabe tu pasado, pero te llama por tu nombre.

No importa lo que hayas hecho, lo que has vivido o quien creas que eres. No importa lo buenito o malo que fuiste, o cuan galán que creías que eras. Él te llama por tu nombre.

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