Este post es en honor a todas las vidas que se perdieron y fueron afectadas en el terremoto que vivimos en Ecuador el pasado sábado 16 de abril, un día que jamás olvidaremos.
El día del terremoto me encontraba en una de las ciudades más afectadas, Portoviejo. Había empezado mi charla para jóvenes en la iglesia que me invitó y minutos después todo se empezó a mover. Fue una situación realmente confusa. No era algo que había vivido antes, por lo que no sabía si se trataba de un temblor, un super temblor, un mega temblor. Nunca imaginé que estábamos viviendo un terremoto.
El lugar en el que nos encontrábamos no sufrió daños mayores. La estructura no se desplomó y solo puedo agradecer a Dios por eso. Minutos después, recorriendo la ciudad vimos la cantidad de daños que existía en edificios, casas, galpones. Aún así no entendía lo que había pasado.
Horas después supimos la triste verdad. La cantidad de fallecidos incrementaba, las redes sociales revelaban fotografías realmente impactantes. No podíamos imaginar que eso estaba sucediendo. Quería dormir, despertar y que todo hubiese sido un sueño, o una pesadilla.
Al día siguiente, una persona me escribió y además de bendecirme me dijo que soy un sobreviviente de ese terremoto. No podía creerlo, y siendo honesto, hasta ahora no puedo creerlo. Estuve en la ciudad que sufre la pérdida de sus amigos y familiares y salí de ella ileso. ¿Suerte? No, soberanía de Dios.
Debo confesar que tuve inquietudes en ese momento, que puedo decirlas claramente:
- ¿Por qué Dios permite catástrofes como esta?
- ¿Es Dios realmente más fuerte y poderoso que la naturaleza?
- ¿Por qué yo y no otros?
Se que muchos de ustedes esperarían que yo me mantenga totalmente ecuánime en una situación así pero la verdad es que además de moverse la tierra, un terremoto mueve los cimientos de tu fe. Es muy fácil creer cuando las cosas van bien, medianamente bien, relativamente bien. Que duro es creer que Dios tiene el control de todo cuando estás en la calle, durmiendo en una carpa porque sabes que habrán temblores después de lo acontecido.
Me pregunté “¿Dios, por qué yo me salvé?”. Que doloroso es mirar que otros lloran a sus muertos y saber que pude ser uno más. No quiero decir que Dios fue bueno conmigo porque sería decir que fue malo con otros. Lo que sí puedo decir es que Dios es bueno todo el tiempo y que él tiene un plan con todo, incluso en el momento de perder.
Entendí un par de cosas la noche después del terremoto, que cabe recalcar, fue una noche que no dormimos, todos pasamos afuera de las casas por temor a las réplicas.
- La Biblia necesitamos tenerla en nuestra mente y corazón, no en nuestros teléfonos o libros impresos. Era medianoche y en medio de esa inquietud y tristeza lo único que atiné a hacer era repetir los versículos que me sabía. La Biblia nos habla, es Palabra de Dios pero debe estar donde debe estar: en nuestro corazón y en nuestra boca.
- La duda vendrá en momentos difíciles:
Tales dificultades serán una gran prueba de su fe, y se pueden comparar con el fuego que prueba la pureza del oro. Pero su fe es más valiosa que el oro, porque el oro no dura para siempre. En cambio, la fe que sale aprobada de la prueba dará alabanza, gloria y honor a Jesucristo cuando él regrese.
Eso escribió Pedro hace muchos siglos y sigue siendo vigente hoy. Esta vida es complicada, es dura, es dolorosa, pero con Cristo tenemos la victoria. Hay esperanza en medio del dolor.
- Dios es soberano: Duele decirlo en un momento así pero debemos recordar esta verdad. Así como en el bien, también en el dolor él está ahí. Eclesiastés 3 habla de nuestra capacidad de entender los tiempos y recalca que aún con esa capacidad no logramos comprender toda la obra de Dios.
Es el momento adecuado de recordar un versículo que ha sido mal utilizado para justificar conquistas amorosas, compras de autos, metas personales. Filipenses 4:13
Yo sé cómo vivir en pobreza o en abundancia. Conozco el secreto de estar feliz en todos los momentos y circunstancias: pasando hambre o estando satisfecho; teniendo mucho o teniendo poco. Puedo enfrentar cualquier situación porque Cristo me da el poder para hacerlo.
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