El buen samaritano – Versión 2016

Y he aquí un líder de la iglesia, de esos que sabe todo, se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?
-Él le dijo: ¿Qué está escrito en la Biblia? ¿Cómo lees?
Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.
Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.
Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Pues esperaba que no todos fueran prójimo, quería una excepción para no amar a ciertas personas.
Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.
Aconteció que descendió un pastor por aquel camino, y viéndole, pasó de largo.
Asimismo el director de alabanza, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.
Pero un mundano, de aquellos que no califica para servir en la iglesia ni “ministrar” al pueblo, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.
Otro día al partir, sacó el sueldo de dos días, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.
-¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?
Él dijo: El que usó de misericordia con él.
Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.
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Quiero hablar de misericordia.
 
Es necesario explicar algo que pasa desapercibido al común lector de este pasaje de Lucas 10.
Los judíos menospreciaban a los samaritanos. Los samaritanos eran personas oriundas de Samaria. Tanto era el desprecio que los judíos preferían caminar en media luna alrededor de Samaria cuando debían dirigirse al sur, en lugar de atravesar la ciudad y ahorrar tiempo. De verdad había odio ahí.
Jesús menciona a dos personajes importantísimos para los judíos en la historia original: el sacerdote y el levita. El sacerdote, encargado de ofrecer los sacrificios y ser la voz de Dios para el pueblo, pasa a lado del herido y no hace nada. El levita, encargado de la liturgia, la alabanza, pasa a lado del herido también y no hace nada. Jesús es directo al evidenciar que quienes estaban llamados a socorrer no lo hicieron. ¿Por qué? Probablemente por posición, para no contaminarse, o como dice Marcos Vidal en una de sus canciones, quizá se atrasaban al culto del día por pelear con su mujer.
Y entonces Jesús, como acostumbra siempre, hace algo inesperado. Pone como modelo de buen proceder al que los judíos aborrecían, despreciaban, odiaban: el samaritano. Es fuerte ese ejemplo. Jesús compara a dos de los líderes de la fe judía con un forastero, y no solo eso, la comparación es agresiva al ponerlo como referente.
Es que a Jesús le vale un comino tu posición, tu nacionalidad, tu pedigrí evangélico, si alguien requiere misericordia, debe recibir misericordia. Si no lo hace el pastor, el líder de alabanza, los profesores de escuela dominical, los diáconos, ancianos y demás figuras del sistema eclesial, lo hará el samaritano, porque probablemente comprende lo que es estar en el piso, lastimado, siendo ignorado. Probablemente él sabe más de dolor que los que ignoraron al caído. Probablemente no queramos ser el sacerdote o el levita, quizá sea mejor ser un samaritano.
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