Violencia: entre Barrabás y Facebook

Hoy me enteré de algo muy triste. En Ecuador asesinaron a tres personas por el rumor de que eran secuestradores de niños. No lo eran. Sí eran ladrones, y fue un rumor en redes sociales el que desató la ira en Posorja.

Me acordé automáticamente de la gente en el juicio de Jesús. Nadie había estado en el pretorio en la madrugada, ni había escuchado las respuestas de Jesús. Tampoco estuvieron en la conversación entre Jesús y Herodes, los sumos sacerdotes, ni con Poncio Pilatos. Solo oyeron los rumores, oyeron lo que otros contaban. Nadie buscaba justicia, solo querían sangre.

Así como aquel día, hoy seguimos pidiendo sangre.

Pedimos que maten a los ladrones, que asesinen a los violadores, que le den cadena perpetua a otros porque no son tan «buenos» como nosotros. Queremos ver a otros sufrir, queremos que escarmienten. Si has leído a Foucault, esto no te resultará nuevo, pero la verdad es esa, queremos violencia, queremos que paguen de la manera más humillante, más vergonzosa y así calmar nuestra sed de venganza.

Somos violentos y tenemos nuevas armas: nuestros teléfonos. Nos permiten hacer villano al inocente, amplifican nuestros pensamientos de muerte, incrementan el alcance del odio que llevamos dentro.

¿Será que Jesús nos hizo libres o creemos que la salvación es ser parte de una humanidad VIP? Somos tan malos como los que gritaban «no queremos a Jesús, queremos a Barrabás». No importaba quién era el malo ese día, queríamos ver linchado a alguien que no sea yo o un familiar.

¿Será que aquellos que apedrearon hasta la muerte se entregarán voluntariamente para ser justos como procuraron serlo al asesinar a otros? Quizá nuestra justicia no es tan justa, quizá no es justicia sino escarmiento únicamente.

Que Dios nos ayude.

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