Edición post apocalíptica: Anda y arregla tu dormitorio

Tengo un dormitorio y no siempre está en orden. Plop.

Desde niño he tenido una discusión con mi mamá en la que lucho en desventaja, ella quiere que mi dormitorio esté en orden y yo también, pero no quiero ordenarlo porque debo colocar cada cosa en su lugar, deshacerme de lo que no necesito u ocupa espacio sin razón alguna. Debo buscar un trapo y limpiar todo, pero mi mayor temor es que no se qué podría encontrar allí.

Este año mi preocupación no es con mi dormitorio sino con mi vida. Debo confesarles que tengo un poco de temor de poner en orden todo antes del 2013. Quizá les ha pasado que tienen asuntos pendientes, cosas que olvidaron o como me dijo mi amiga Pau, al revisar tu vida “encuentras cosas que no deberían estar olvidadas”. Así que tengo un poco de nervios.

Tengo temor de hacer mi revisión anual porque me olvidé de cosas importantes, varias metas están a medias, pero sobretodo por los asuntos sin resolver. Como dicen por ahí “Donde hay un punto final no aumentes los puntos suspensivos”. Hay cosas que debo terminar o determinar pronto si no quiero que eso afecte el año que está por empezar.

Miren esta joya que escribió Salomón:

Lo que sí he llegado a entender es que Dios nos hizo perfectos, pero nosotros lo enredamos todo.

Salomón en Eclesiastés 7:29

Cuando le dije a mi amiga Pau que tengo mucho por acomodar su respuesta no pudo ser más objetiva: Hazlo rápido antes de que sea mas grande el desorden.

Así que, hora de empezar.

Un lugar seguro para nacer. Jo jo jo jo

Hoy fui a la iglesia.

Mis amigos saben que no acostumbro ir el domingo a la iglesia porque me gusta dormir y es el único día en el que puedo despertar a cualquier hora sin el apuro de cumplir una responsabilidad, y porque los domingos me gusta ir al estadio o a la cancha a verle a mi hermano jugar. Fui a la iglesia los domingos durante 18 años, y prometo que algún día volveré a ir todos los domingos (creo).

Lo interesante es que hoy fui a una iglesia que no es a la que habitualmente voy porque me invitaron a tocar un par de canciones navideñas. Fui elegante, llegué y vi en las pantallas el slogan de la iglesia: “Tu lugar seguro”. Y eso fue un golpe para mi.

Mi padre alguna vez me dijo que las iglesias son el único hospital que mata a sus propios soldados, y por la experiencia en un montón de años en las iglesias me di cuenta que tristemente era cierto. Así que llegar a una y que te digan que es un lugar seguro para mí es como que me digan que estoy en la franja de gaza y que es un “lugar seguro”. Y pensé en el pesebre, porque todo este mes debo tener pensamientos navideños.

Jesús aún ni nacía pero no sabía la que le esperaba: No había habitación para su mamá porque nadie quería hacerse cargo de una mujer a minutos de dar a luz, todas las puertas eran cerradas frente a sus padres y lo único que encontraron era un pesebre que traducido es “Un pequeño lugar con animales”. Burros, vacas, borregos, gallinitas, gansos, no sé, un pesebre quizá no era un lugar limpio, pero sí era un lugar seguro. ¿Qué podía pasar, que las ovejas se rebelen? En los hoteles y posadas María no hubiese estado tranquila, tanta gente, tanto ruido, tanto dinero de por medio, no era el lugar para dar a luz a su primer bebé. Así que para su buena suerte encontró un lugar donde estaría en paz.

Quizá tu vas a la iglesia todos los domingos, o los sábados, o los jueves, o en semana santa, o en estas fechas para que Diosito me perdone. Presiona stop en todo lo que haces y recuerda que el salvador lo único que necesita es un lugar donde pueda nacer, compartir, y descansar. Quizá te preocupas por el ruido de tus problemas, en ese momento piensa en el caballo que relinchaba en el nacimiento del rey, no dejes que eso te distraiga. Antes que el ruido de los animales, estaba la sonrisa del niño que nacía en Belén.

Haz de tu casa, tu trabajo, tu universidad o colegio un lugar seguro, un lugar donde tus amigos puedan descansar. Y te diré también: haz de tu iglesia (si vas a una) un lugar seguro, permite que la gente que llegue pueda descansar, pueda sanar, pueda nacer. Tú haces la diferencia. Evita compararte con los animalitos del pesebre porque no todos pueden ser el burro, uno a la vez.

El pesebre me recuerda que Jesús puede nacer en un lugar tan sucio como mi corazón y hacerlo diferente, mágico, especial.

Edición Apocalíptica: En 5 días se acaba el mundo

Quito, 16 de diciembre del 2012. 23h10.

No se si se enteraron pero el 21 de diciembre se acaba el mundo. Ando un poco apurado y preocupado porque tengo apenas 5 días para graduarme de la universidad, viajar por todo el mundo, enamorar a una hermosa chica, casarme con ella, tener una hija llamada Paulina o Daniela Alejandra, armar un estudio musical. Tengo apenas 5 días para envejecer lo que más pueda, mirarme con canas y usar mis boinas con un bastón. Algo me dice que no me alcanzará el tiempo, rayos.

Mi amigo Ahmed Otero dijo hace unos días en un evento:

¿Será que llevo un viejito por dentro?

Cuando escuché eso pensé “¡Sí! Yo si llevo uno”. Mi amigo Gio dijo que se debe a que me gusta aprovechar cada momento. Hace unos años compartí habitación en un viaje con un anciano de 81 años, mi querido Andrés Robert. Él fue mi amigo más cercano por dos meses; era abuelo, viudo, padre de 2 hijos y 2 hijas. No era alguien con quien hablaba de la música que me gusta, aunque sí hablábamos de chicas. Él había vivido la vida que yo soñaba tener, con una esposa amorosa, libros por toda la casa, un acordeón, boina, bufanda y bastón.

Vivir con Andrés me enseñó lo que es una vida. Por un lado estaba un chico inquieto de 21 años, que quiere respuestas a las incógnitas de la vida, y al otro lado está un hombre de cabello blanco que ya no busca respuestas sino alegrías de cada día. Recuerdo despertar a las 7 de la mañana y mirarlo leyendo el periódico. Cada día repasaba sus versículos favoritos de memoria, él vivía como si no hubiese mañana. Porque realmente la vida es así, no tenemos garantía de nada.

No intentaré hacer en estos 5 días que me quedan todo lo que pensaba hacer en 60 o 70 años más. Mañana haré lo que debo y un poco más, y el día siguiente de la misma manera. Hoy quiero despedirme con dos cosas: Un poema al tiempo escrito por Salomón y el video de mi querido amigo Andrés, que aún contento sonríe cuando hablamos y me pregunta siempre por la Liga de Quito, mi equipo de fútbol.

Hoy nacemos,
mañana morimos;
hoy plantamos,
mañana cosechamos;
hoy herimos,
mañana curamos;
hoy destruimos,
mañana edificamos;
hoy lloramos,
mañana reímos;
hoy guardamos luto,
mañana bailamos de gusto;
hoy esparcimos piedras,
mañana las recogemos;
hoy nos abrazamos,
mañana nos despedimos;
hoy todo lo ganamos,
mañana todo lo perdemos;
hoy todo lo guardamos,
mañana todo lo tiramos;
hoy rompemos,
mañana cosemos;
hoy callamos,
mañana hablamos;
hoy amamos,
mañana odiamos;
hoy tenemos guerra,
mañana tenemos paz.

-Salomón en Eclesiastés 3 (TLA)

 


Andrés y su acordeón:

Edición especial: Marinita, la señora de la limpieza

Hace unos años aprendí algo muy importante sobre la importancia de las personas en las organizaciones. En orden jerárquico van los dueños, gerentes, asesores, ejecutivos, empleados, bodegueros, choferes y conserjes. Y pensamos que es en orden de importancia de la persona, pero no es así. El orden es por la influencia de las decisiones que toman. Pero ¿que pasaría si el conserje no hiciera su trabajo? ¿No son los conserjes y personas de limpieza quienes nos reciben con una sonrisa cada día al llegar a trabajar? ¿No son ellos los que nos proveen de clips, goma y lápices para cumplir esas muy importantes actividades diarias?

Tengo un cariño especial por conserjes, guardias de seguridad, choferes, y todos los empleados “menores” de las organizaciones porque crecí con ellos. Viví en un barrio de clase humilde por unos años y compartí con toda la gente posible. Tenía un vecino arquitecto, catedrático de una universidad, y a unos pasos vivían los recicladores de papel y cartón. Tenía un vecino carpintero y unos vecinos cerrajeros. Uno de nuestros vecinos hacía bloques para construcción y no olvidemos a mi vecino albañil, que realmente era maestro mayor. Ni el trabajo ni el dinero les sobraba, pero su generosidad y sonrisa siempre estuvo presente, aún en sus momentos de necesidad.

Refiriéndome a los trabajadores que pasan desapercibidos siempre digo que ellos son los que hacen caminar a cualquier empresa. Ellos saben como va la economía del lugar sin ser economistas. Saben qué mejora aplicar al edificio sin ser arquitectos, y saben qué decisiones mejorarían el ambiente laboral sin haber estudiado Comunicación Organizacional. Aún sabiendo mucho, la mayoría ganan poco.

Hoy partió una querida compañera de trabajo, y porqué no decirlo, amiga, Marinita, la señora de la limpieza. Cada día al llegar le decía “¡Marinita!” y ella me respondía con una sonrisa “Hola Jimmycito, como le va” Y le decía que estaba bien, o “aquí llegando a trabajar”. Siempre me saludó con una sonrisa y eso es suficiente para alegrar una tarde de trabajo. Sin duda, si alguien reflejaba lo que es la organización a la que pertenezco, ella era la persona ideal.

Tómate el tiempo de saludar a los guardias de tu lugar de estudio o trabajo, a los conserjes, a los porteros, a los mensajeros. No lo hagas porque quizá necesites un favor de ellos (como lo haces con tus jefes) sino por la alegría de compartir con personas como tú, que están caminando contigo cada día pero no les has dado un minuto para saber sus nombres.

Y el Rey dirá: “Les digo la verdad, cuando hicieron alguna de estas cosas al más insignificante de estos, mis hermanos, ¡me lo hicieron a mí!”

Jesús, en Mateo 25:40

Marinita, lo mejor que hizo por mi no fueron sus labores diarias, sino recibirme con alegría cada día. Nos veremos pronto.

En vida que me quisieras

“En vida que me quisieras, en vida que me quisieras,
De muerto ya para que, de muerto ya para que,
Ahí todo se ha de quedar”

Llegó diciembre y con él nuestra reflexión de lo vivido en estos 11 meses que se fueron, las metas cumplidas y los objetivos pendientes que quizá no se cumplan o quizá si. Cuando este mes (diciembre) termine sabremos si cumplimos o no las promesas que hicimos el 31 de diciembre del año anterior.

Alguna vez me enseñaron que no es muy bueno hacer promesas, porque cuando una promesa se rompe sentimos remordimiento, cargo de conciencia, desilusión. Nos sentimos como unos perfectos fracasados porque “prometí no engordar, y engordé”, “prometí no volver a comer chocolates y estoy obeso porque como chocolates todos los días” etcétera. Aquella persona me dijo que es mejor trazar metas de esta manera:

  • En lugar de “Este año no voy a engordar” debes decir “Este año mantendré mi peso en….. kilos/libras/onzas/quintales
  • En lugar de “Voy a viajar por todo el mundo” debes decir “Este año empezaré a ahorrar para mi pasaporte, mi ticket de viaje, la maleta, cámara de fotos“.
  • En lugar de “Mamá, este año sí voy a ser un buen hijo” debes decir “Mamá, este año lavaré el plato de mi almuerzo tantos días como pueda, no voy a llegar a las 3 de la mañana, no voy a pedirte dinero para gastarlo con mis amigos porque sé que no tienes un árbol de billetes.” Metas, no promesas.

Gerardo Morán, un cantante ecuatoriano tiene una canción hermosa llamada “En vida”, uno de sus párrafos es la introducción de este post y habla de la importancia de vivir cada día. No esperes al cumpleaños de las personas para decirles cuan importantes son para ti. Si fallas en tus metas en febrero, no esperes hasta diciembre para repetir el rito nuevamente. Si fallas hoy, levántate mañana. Y si hay algo que no quieras hacer, no lo hagas, siempre y cuando no sea una responsabilidad adquirida. No digas “mañana” si no quieres hacerlo nunca. Es tú vida, tú la manejas, tú decides.

Si es que piensas “Jimmy, tú no sabes de mi capacidad de cumplir promesas” te recuerdo la conversación entre Peter y Jesús:

Entonces Pedro le dijo:

Aunque todos te abandonen, yo no te abandonaré.

Jesús le respondió:

Pedro, no estés muy seguro de eso; antes de que el gallo cante, me negarás tres veces*

Pd: Les dejo el link de la canción antes mencionada aquí

*El verso se encuentra en Mateo 26: 33-34. Se utilizó la Traducción en Lenguaje Actual y la Reina Valera 1960 para que entiendas clarito el mensaje.