Tengo ganas de pecar

Me desperté un día martes, miré el techo de mi cuarto, hice un par de revisiones mentales de mi día y dije “Tengo ganas de pecar”.

Encendí mi computador, me conecté a Facebook, un gran amigo me saludó y le dije “Tengo ganas de pecar”. Me preguntó “Con quién” y entonces empecé a reírme. Me pareció curioso haber sido tan sincero conmigo mismo que no podía creer que estaba abordando un problema habitual en mí: el deseo de hacer lo que no me conviene.

Supongo que Lance Armstrong, el conocido ciclista algún día despertó pensando “tengo ganas de tomar anabólicos/esteroides”. Supongo que algún músico que admiro llegó a un concierto con una buena dosis de hierba (no medicinal) y un pedazo de papel y pensó “tengo ganas de un porro”. David, un tipo estupendo de la biblia, miró a la mujer de otro y sin duda pensó “tengo ganas de pecar (con ella)”. Lo malo es que a él las ganas le “ganaron” y con un par de llamadas tuvo a la pibita en su lecho matrimonial (tradúzcase como el lugar donde consumaba el amor con el resto de sus esposas)

Ese día no fue muy fácil que digamos. Por un lado estaba mi invulnerabilidad a mis deseos, por otro lado la docena de versículos que memorizamos que nos recuerdan que “todo lo podemos soportar”. Soy muy partícipe de identificar situaciones; muchos chicos han venido y me han dicho “Jimmy, alguna vez has dudado de…”, “Jimmy, alguna vez pensaste en…” y mi respuesta normalmente es “Si, he pensado/he dudado/he deseado/he querido” y siempre les digo que el problema no es lo que pensamos, en un inicio, sino el siguiente paso. ¿Qué hacemos con lo que pensamos? ¿Qué hago yo cuando me dan ganas de hacer todo lo que no debo?

Así que les confieso que aún tengo ganas de pecar, de equivocarme, de ir a buscar una piedra (con falda quizá) para tropezar, pero cuando le digo a Dios que estoy en esas situaciones su respuesta es Mi poder se perfecciona en tu debilidad.

Ahora tengo ganas de poner punto final.

Los cristianos y el electroshock

Siempre me interesaron las cosas que no entiendo. Las descargas eléctricas a la cabeza de una persona es una de esas cosas curiosas. Más curioso es saber que aún se da en nuestro entorno, como lo escribo más adelante. Empecemos describiendo lo que es la TEC Terapia ElectroCompulsiva.

El electroshock es un procedimiento por el cual alguien recibe una descarga eléctrica, que lo despierta, lo aturde o pone al sujeto en situación de expectación, de que algo pasará.

En el interné’ encontré esta descripción:

El electroshock es una corriente eléctrica alterna que puede ser desde 120 hasta 400 voltios que se aplica a una persona, en dependencia de su contextura física, para provocar un estado de shock con el fin de eliminar algunos trastornos mentales como la depresión o el deseo de suicidio(psiquiatrianet.wordpress.com )

Muchas “iglesias cristianas” han adoptado el electroshock espiritual como uno de sus recursos a la hora de atrapar a su gente. Conferencias, congresos, talleres, encuentros, conciertos, noches de milagros, de liberación, etcétera, son varios de los eventos en los que los asistentes reciben una descarga del cielo que les permita mantenerse despiertos un par de semanas hasta recibir su próxima dosis.

No estoy en contra de los eventos, de hecho he asistido a varios y espero organizar otros en el futuro. Lo que no me cuadra es creer que Dios es un cajero automático de superpoderes y puedo llamar a la gente y decirle ”Gran noche de exorcismos, venga atribulado y regrese a su casa sin el diablo adentro”. Si nos remitimos a la Biblia, Jesús no se dedicaba a organizar eventos para que la gente “sienta a Dios”.

A la mujer adúltera le dijo:

Entonces Jesús se puso de pie y le dijo:
—Mujer, los que te trajeron se han ido. ¡Nadie te ha condenado!
11 Ella le respondió:
—Así es, Señor. Nadie me ha condenado.
Jesús le dijo:
—Tampoco yo te condeno. Puedes irte, pero no vuelvas a pecar
(Juan 8:10-11 TLA)

y a Nicodemo le dice:

Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna.
(Juan 3:16 TLA)

En ninguna de las dos ocasiones habla de “sentir” sino de “creer” y “confiar”. Cuidado y te quieran colocar los electrodos siempre en la cabeza, creer en Jesús no es sentir, es creer y caminar por convicción. Boom.