Batman y la vida diaria

No creo ser (ni lo soy) un fan a los cómics, aunque me declaro devoto del humor de Quino. Pero las películas de Batman, sobretodo la última me puso a pensar.

La idea de la última trilogía de Batman, en la cual vemos un superhéroe con conflictos internos, que quiere dejar de ser Batman por el amor de una mujer; que deja de ser Batman durante 6 años por mantener la mentira de Scarface me resulta interesante porque me sucede lo mismo en la vida cristiana. ¿A qué me refiero?

Muchos tenemos un llamado, una misión, un propósito (Como Batman) pero rehusamos de él porque no nos permite conseguir algunas cosas (Como a Batman). Y vivimos en la lucha de ser o no ser lo que debemos, de hacer o no lo que tenemos que hacer. Queremos dejar ahí todo porque “ella” nos prometió que estaríamos juntos cuando dejemos la capa para siempre. Cada quién sabrá quién o qué es su “ella”. Sea como sea, a Batman no lo hace su capa sino su misión.

Tras 6 largos años Batman regresa. Recibe una puñetiza in-cre-í-ble (Puñetiza= Acción de golpear a alguien hasta por los pecados aún no cometidos). Y después de eso decide prepararse. No tiene de otra, no es cualquiera, es Batman. Aunque deje la capa colgada, aunque renuncie a la máscara, aunque venda el Batimovil en MercadoLibre o en Amazon, no es Batman por lo que tiene, sino por un llamado que se lleva en el corazón. Y puede morir así, pero esa espina nunca lo dejaría en paz, porque tenía un plan que cumplir.

Sólo me queda decir: I’m Batman.

La cuenta por favor

Disfruto ir a comer, de hecho, me gusta recibir mi sueldo mensual o quincenal e irme a comer sólo o acompañado, aunque acompañado es mejor un café. Hay lugares donde se paga por adelantado y otros donde puedes pedir y pedir y al final te traen la cuenta, el valor total de todo lo que has consumido.

Mi vida no ha sido “primero pague y después consuma” sino “sírvase todo lo que quiera, luego paga en efectivo o a crédito”. Lo que nadie me dijo es que a veces diferir nuestro consumo iba a salir muy caro. Como en la ocasión que decidí tener mi primer romance express. Decían “fresco, un par de semanas y ya”. Y tiempo después llega el estado de cuenta y te dice Las consecuencias de esa decisión las tienes que pagar. A veces el pago es uno solo, en otras ocasiones poco a poco te va matando el interés de aquella decisión mal tomada.

De repente ahora quiero tomar decisiones y no puedo, porque tengo una cuenta aún pendiente. Y a veces me arrepiento, pienso que pude evitar consumir tanto en el restaurante de la vida, en el que pedí lo que no quería, me empaché de lo que no debía y ahora debo controlar mi gasto porque se el costo de una decisión tomada.

Sólo me queda decirles: Buen provecho

La sala de espera

Si vas a un hospital, a una entidad pública, a un centro educativo, a una oficina encontrarás ese pequeño espacio con sillas y revistas llamado “Sala de espera”. A muchos les desespera sentarse y esperar con gente desconocida a su lado, a otros nos permite terminar de leer algún libro o jugar en el celu un rato.

Pocos disfrutan una sala de espera. Siempre queremos llegar a la ventanilla directamente, sin filas ni demoras. Pero la sala de espera sirve también para revisar que tengamos todos los documentos necesarios para la gestión a realizar. Porque debo decir que me divierte un poco ver a la gente llegar apurada, sentarse molesta, esperar su turno, llegar a la ventanilla y escuchar “Señora le falta este papel/le falta un sello/no está firmado por tal” Tuvieron tiempo para corroborar todos los datos pero como decimos por mi tierra: nanai

Así que cuando Pablo le dice a Timoteo:

Haz todo lo posible por ganarte la aprobación de Dios. Así, Dios te aprobará como un trabajador que no tiene de qué avergonzarse, y que enseña correctamente el mensaje verdadero.

me puse a pensar que debo aprovechar mi tiempo en la sala de espera, cuando llegue a la ventanilla quiero que quién la atiende diga “Vamos bien Jimmy, vamos bien”

El bosón de Higgs y mi ateísmo cristiano

Siempre tuve problemas con el pecado. El mayor era que no podía pecar tranquilamente pues mi religión prohíbe pecar a gusto a quienes tenemos alguna debilidad por lo prohibido (como tú lo disfrutas también) Así que adopté el término que alguna vez leí en un artículo, me convertí en un cristiano ateo.

Un cristiano ateo es el que clama a Dios en la mañana porque necesita un taxi urgentemente, pero que le pide que salga un momento del dormitorio porque lo que va a pasar no es de su incumbencia. Es aquel que necesita alguien a quien echarle la culpa de lo que pasa (¡Dios porqué permitiste eso!) pero se queja de que no pueda hacer lo que le da la gana porque el libro sagrado lo condena. Ese es un cristiano ateo, y hoy me veo en un espejo en este post.

Con el anuncio mundial del posible descubrimiento del Bosón de Higgs o “partícula de Dios” había una leve esperanza para muchos de que realmente Dios teóricamente no existiera, y eso nos permitiría a muchos disfrutar del placer de hacer todo lo que está prohibido

El tal bosón no fue descubierto y por lo tanto Dios aún existe para la ciencia. ¿Eso cómo me afecta? Lo único que logró aquel experimento es recordarme todos los episodios de mi vida donde algo o alguien más allá de mi alcance intervino. Muchas veces fue mi salud, mi familia, la de mi hermano. No se porqué seguir buscando razones para creer en Dios, siendo su presencia para mi, personalmente, tan evidente.