Verso biblico, devocional

Febrero 2: Un verso en el bolsillo #4

Todos los viernes te animo a memorizar un verso de la Biblia. ¿Por qué? Porque es mejor tenerlo en nuestra mente y corazón que en nuestro computador o aplicación. (Me salió la rima, ya tu sabe’)

Hay una frase de Ulises Oyarzún que menciono frecuentemente: «tenemos obesidad musical pero anorexia bíblica». Sabemos más canciones que versos bíblicos, y eso es bastante peligroso. Por eso, te animo a que te lleves hoy un verso en el bolsillo, aunque realmente deberías guardarlo en tu corazón.

El viernes anterior vimos un verso sobre los nombres de Dios (Enero 26: Memoriza un verso bíblico #3). Hoy quiero recordarte que ese Dios tan grande que lo creó todo, que diseñó todo a la perfección, desde el funcionamiento de la célula hasta los complejos sistemas planetarios, te llama amigo.

 Nadie tiene mayor amor que éste, que es el poner su vida por sus amigos.
Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando.

Juan 15:13-14

No puedo entender, y quizá nunca lo logre, que Dios me llame amigo, y que la única condicionante para una amistad así de interplanetaria, sea obedecerle, que de paso, es mejor que obedecer mis propias ideas internas.

Un amigo es alguien que está allí para conversar contigo, para escucharte, para guiarte con un consejo. Obviamente no es el único atributo de Dios, sigue siendo el creador, juez, padre, salvador, y además de toda esa descripción propia de un creador omnipotente, también lo describe una palabra tan común y valiosa para nosotros.

Dios no te ve como sirviente, esclavo, ni como peón, ¡te llama amigo!

Cuando otros te digan que Dios te ve como una hormiga que debe ser castigada, recuerda lo que dice Juan 15:13 y 14, que el amor que él nos demostró es el más grande, y que el fruto o privilegio de la obediencia, es su amistad. Anótalo, imprímelo, haz un screenshot y memorízalo, llévalo todos los días contigo.

 

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